Ciclos y Neurastenias en un mundo cruel

Escenas de mi Barrio (III): El Escritor


 

Despierta_099Existen días maravillosos, extraordinarios, en los que surge una especie de clímax cosmológico para que se nos permita esa efímera -pero cierta- felicidad que es, al fin y al cabo, lo que nos permite avanzar, lo que facilita la ardua decisión de seguir vivos, de seguir viviendo. Naturalmente no se trata de algo místico ni orquestado a nuestro favor, es algo que fluctúa entre la propia actitud y el más puro azar. (Tal vez me haya convertido definitivamente en el mayor existencialista, aun a mi pesar). Pero una persona como ésta, la que escribe estas líneas en estos momentos, se haya agradecida a eso tan ambiguo que damos en llamar la vida, sobre todo cuando despierta en la mañana y, a su lado, descubre el rostro, el cuerpo, la persona aún durmiente que más ama, y mira afuera, a la calle, y el día está en marcha y promete novedades, y un tacto cariñoso no consigue despertar del todo a Silvina, pero arranca de sus labios un ronroneo perezoso y también sonriente, y entonces disfrutas de esa vuelta a la vida que supone despedirte del sueño y abrazar la ilusión luminosa de una nueva jornada junto al ser amado y lo que engloba.

librodiadelescritordiadellibroDado que, en condiciones normales, soy altamente alérgico a estas explosiones, tan nocivas para la salud intelectual de los inoculados por el amor (y aun no siendo éste mi ejemplo, pues disfruto ahora de mi estado de extremo enamoramiento), hago caso de ese traidor subconsciente, que tantas malas pasadas me ha ocasionado, y, con un beso y unas pequeñas palabras cariñosas, me despido de Silvina para lanzarme a la calle, donde me acoge (me encoge) el calor de este verano barcelonés, con sus treintaipico grados, con su humedad salvaje y sus calles tórridas y todavía desiertas.

Escribiendo a mano

Bebo cerveza en el bar Pequeña Música. Al entrar, como siempre ocurre al llegar, la pareja china que regenta el negocio me ha saludado sonriente y, como me suele suceder en este local, me he sentido particularmente feliz y agradecido. De esta manera escribiré más líneas en el cuaderno que uso cuando acudo a este bar, recreando vivencias, emociones, algún somero pensamiento entre gentes que apenas conozco, pero que aprecio, frente al televisor que, de nuevo, muestra las imágenes futbolísticas de este Mundial al que todos, sin importar nacionalidad ni cultura ni clase social, estamos tan enganchados.

Hoy soy feliz.

 

Zonde, El Clot (Barcelona), junio de 2006

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